El mercado de Djenné

djenneHemos pasado una semana de ruta por Mali, principalmente para visitar el País Dogón. El País Dogón se encuentra a unos quinientos kilómetros al este de Bamako. Salimos el domingo y el viaje de ida lo hicimos por la vía más directa parando en Segou que es un pueblo a orillas del río Níger muy tranquilo y de gentes amables que pasan el tiempo jugando a petanca y a un juego de cartas difícil de aprender. Por el camino vimos infinidad de termiteros, cada cual más grande. Sorprende ver en vivo las construcciones que son capaces de crear las hormigas para sus viviendas. Es una obra de ingeniería en toda regla, pensada para permitir salidas hacia todos los lados, con ventilación natural por el sistema de chimenea y considerablemente sólidas. No son precisamente montones de tierra que harmatanse vayan a deshacer con las lluvias.

Al caer la tarde llegamos a Djenné donde hicimos escala para descansar y visitar la ciudad. Djenné es famosa por tener la mezquita más grande del mundo construida en tierra. El edificio es impresionante. Vimos atardecer desde una terraza con vistas a la mezquita en la que tomamos una merecida cerveza. El lunes es día de mercado y desde las cuatro o cinco de la mañana empiezan a llegar carros, camiones y otros transportes con sus mercancías para vender o para hacer trueque. La fisonomía de la plaza principal, al lado de la mezquita, mezquitacambia de forma radical en sólo unas horas y se llena completamente de productos en venta, mercaderes, ganado, carros, carretas, carretillas, gentes de los pueblos cercanos, niños, algunos visitantes extranjeros, polvo, calor, camisetas del FC Barcelona, frutas, verduras, restos de pescado seco para alimentar al ganado, tornillos, sombreros, artesanías, comida y muchas cosas más que sería imposible seguir enumerando. En general los mercados en Mali vienen a ser siempre algo parecido aunque este es especialmente peculiar.

cervezaA primera hora de la mañana fuimos Ulises y yo a dar un paseo hasta el colegio del pueblo que está a más de un kilómetro de distancia. El camino hasta el colegio pasa por una zona de cultivos más deprimida que el resto del terreno con lo que se inunda en la época de lluvias y entonces los niños y jóvenes tienen que hacer varios kilómetros a pie para llegar al colegio en esta época del año. Por el camino nos encontramos con Bubacar (un joven estudiante) que nos llevó hasta el colegio y nos presentó a algunos profesores. Ese día se cancelaron las clases por algún motivo que no llegamos a descubrir; a Bubacar le dijeron algunos compañeros que no había clase y que los profesores les habían mandado de vuelta a casa.

djenneA la vuelta nos paramos en la zona de cultivos donde una señora nos comentó la situación de los campos y nos indicó dónde podíamos beber agua. Yo no tenía sed pero Ulises se tomo unos sorbos del agua del pozo más cercano. Algunos carros estaban esperando a la puerta del cercado de los cultivos para llevar mercancía al centro. Otros carros venían de camino de los pueblos cercanos y con ellos entramos de nuevo en la ciudad para buscar al resto del grupo. Tomamos un buen desayuno en el puesto de unas señoras que vendían patatas fritas y algo parecido a la yuca acompañado de un café que preparamos nosotros mismos y alguna cosa más que llevábamos como provisiones. Dimos una vuelta por el mercado donde Ana Berta hizo unas fotos bastante chulas de las que hemos seleccionado algunas e Ismael sacó fotos de un montón de puertas, ventanas y algún árbol.

africaDespués de la visita al mercado seguimos viaje hacia Bandiagara. Paramos para hacer una visita en el primer pueblo que vimos. Enseguida estábamos rodeados de niños con los que jugamos a correr delante de Ulises y luego hicimos una especie de teatro improvisado en el que los niños salían a cantar o contar cosas. No es que la comunicación fuera demasiado fluida, teniendo en cuenta que ningún niño hablaba francés ni otro idioma que no fuera el bámbara, aún así conseguimos hacernos entender y pasamos un rato realmente divertido. Las señoras del pueblo también se rieron con los “tubabus” de buena gana.

Cuando íbamos a marcharnos del pueblo llegó un hombre que nos hizo entender que tenía un hijo enfermo y que no tenía medios para llegar al hospital de Djenné.  Utilizamos de traductor a un conductor de otro coche que había parado y llevamos al señor con su hijo hasta el transbordador que cruza el río hacia Djenné y le africadejamos algo de dinero para que pudiera llegar al hospital. Nos quedamos todos un poco abrumados ante la impotencia que se siente cuando no puedes hacer mucho más y no estás seguro de que todo se vaya a solucionar felizmente pero no creo que las opciones eran demasiadas.

Seguimos después el viaje hasta Bandiagara y allí quedamos con Yembila que es el guía que Joaquín nos había recomendado para visitar el País Dogón. Yembila se presentó con ropas típicas Dogón (más tarde descubrimos que las fabricaba y teñía el mismo) y nos planteó varias opciones de visita que pronto definimos y acordamos. Yembila es un tipo curioso que habla con gran énfasis y que define todo en porcentajes. Nos daba porcentajes de cristianos, animistas y musulmanes en cada poblado. Cuando algo es casi seguro es “noventa por ciento” y si es seguro del todo es “cien por cien” aunque, si se lo discutes, siempre lo rebajará hasta un “noventa y nueve por cien”. Es difícil que baje ese porcentaje en esos casos; sólo lo hizo un dos o tres por ciento de las veces.

dogonEl hotel en el que nos quedamos en Bandiagara tenía piscina y un patio muy agradable con un restaurante para comer algo ligero. Un lujo pensado para los visitantes blancos. Como en estas fechas y, dado que hay algo de jaleo por el norte de Mali, no hay muchos turistas teníamos el hotel casi para nosotros solos y algún otro turista más. Acordamos con Yembila hacer la visita al País Dogón de martes a jueves y acabar en el mismo sitio para hacer uso de nuevo del hotel a la vuelta de la excursión. Cerramos el precio, pagamos el cien por cien, cosa que hizo muy feliz a Yembila, y quedamos para empezar la ruta al día siguiente a las siete de la mañana.