De Kiffa a Bamako

niñoSalimos de Kiffa después de visitar el lugar de trabajo de Mohamed (el pescadero de Kiffa), sobre las nueve y media de la mañana. De Kiffa a Aioun hay unos doscientos kilómetros y tardamos unas cinco horas y media en recorrerlos. Es una carretera demencial. Al principio vas por una pista de tierra con tramos de arena y muchos baches que circula paralela a la carretera en construcción. Después de unos setenta kilómetros seguimos por la carretera asfaltada que tiene baches del tamaño del coche y es casi imposible evitarlos. Si esquivas uno te encuentras con otros dos o tres. Hay que ir haciendo zigzag y a una velocidad realmente lenta y desesperante.

carreteraHicimos un par de paradas en este tramo en pueblos muy pequeños donde los tres “tubabus”, que viajan con un perro, fueron la atracción del día. La gente es muy amable aunque hay un punto en el que se puede hacer un poco agobiante. En todo caso, es un punto divertido ver las caras de los niños al acercarse Ulises a ellos. La mayoría salen corriendo como si se tratara del mismo diablo.

Llegamos a la frontera con Mali con tiempo más que suficiente para hacer los trámites que realizamos de forma rápida y sencilla sin dramas ana bertani mayores problemas. Conseguimos el seguro para Harmatán para los próximos seis meses y sellamos los pasaportes convenientemente. Nos quedó pendiente hacer el “”lessé passé” o lo que viene siendo el documento de aduanas para poder circular con el coche por Malí durante un mes. Este papel se saca en Nioro que está a unos setenta kilómetros de la frontera y lo hicimos al día siguiente. Al acabar los trámites de la frontera eran las seis de la tarde más o menos y los gendarmes no querían dejarnos marchar porqué pensaban que no llegábamos de día a Nioro. Les convencimos de que íbamos a llegar y seguimos ruta.

africaAl llegar la caída del sol nos paramos en un pueblecito de la carretera y preguntamos por un lugar para dormir al único habitante que encontramos que hablara francés. El hombre nos llevó a casa de su tío donde nos recibieron un montón de niños y varios mayores y pronto nos hicieron sentir como en casa. Nos sacaron unas esterillas y una colchoneta para dormir y nos sirvieron una cena a base de una ensalada de lechuga, tomate y cebolla que estaba riquísima y unos trozos de carne con patatas. Cenamos de maravilla y les dimos en contraprestación las latas de sardinas, bonito y mejillones que iban a conformar nuestra dieta de esa noche. Al día siguiente por la mañana algunos niños salían hacia el colegio con un bocadillo de mejillón y otros llevaban la lata vacía y limpia de bonito para jugar con ella. Nos hizo sentir como si realmente hubiéramos pagado el alojamiento y la cena. Curiosa sensación la de ver que lo que para nosotros era una cena de batalla, fue toda una novedad para los niños.

niñosPor la noche jugamos y cantamos con los niños. Hablamos con el padre de la familia de forma amigable y nos reímos con las mujeres. Fue muy agradable. Por la mañana pensábamos dar una vuelta por el poblado pero, como el hermano del padre de la familia que nos acogió tenía que ir a Nioro al hospital a ver a su madre, nos fuimos antes de lo planeado y llevamos al hombre hasta el hospital de Nioro. Visitamos la ciudad brevemente e hicimos las gestiones pendientes y con eso seguimos la ruta hacia Bamako.

maliEn Mali se pagan peajes en las carreteras, quinientos francos CFA para los coches en cada peaje. La carretera de Nioro a Bamako es buena y avanzamos a buen ritmo. Paramos un par de veces y comimos en un pueblo de cuyo nombre no me acuerdo en un restaurante local. La comida estaba muy rica y pagamos poco más de un euro por los tres. El calor en el restaurante era agobiante y nos refrescamos como pudimos con agua y unas bolsas de hielo que, por suerte, se podían conseguir en el propio restaurante. Ulises no comió nada.

mujeres trabajando y hombres mirandoComo llegar a Bamako en una jornada era imposible, paramos a dormir en otro poblado donde nos llevaron hasta una finca de sorgo cosechada y dormimos debajo de un gran árbol. Pasamos una bonita velada con los niños y gentes del pueblo y dormimos plácidamente bajo las estrellas.

africaPor la mañana nos despedimos de nuestros nuevos amigos y llegamos a Bamako sobre las once y media de la mañana. Tardamos un par de horas en llegar a casa de Joaquín, primero por problemas de comunicación telefónica y después por diversas paradas en cada puesto de policía local donde nos querían multar a toda costa. Tuvimos que parlamentar con los agentes de la ley largo y tendido en dos ocasiones y al final nos dejaron marchar sin multa ni soborno ante nuestra negativa a soltar ni una cefa.  Es alucinante ver como saltan los agentes como resortes en cuento ven una matrícula europea y un coche cargado de “tubabus”.

tres cucharasLa casa de Joaquín es el paraíso en Bamako. Es una casa espectacular con grandes habitaciones, un salón fantástico, terraza, un precioso jardín y una piscina. Después de las penurias del viaje llegar a este remanso de paz y de bienestar fue como ver el cielo. No podremos pagar nunca la acogida que nos hizo Joaquín; quizás en alguna ocasión podamos ir compensando tanta hospitalidad. De momento sólo podemos decir gracias de todo corazón.

El viernes llegó Ismael por la mañana y por la noche llegó Vanessa y ahora ya somos cinco y un perro para viajar al País Dogón pero esa es otra historia que os contaremos más adelante. Escribo esto de Bandiagara, cerca del País Dogón y lo publicaremos en cuanto lleguemos de nuevo a Bamako ya que las conexiones por la zona brillan por su ausencia.

Mohamed, el pescadero de Kiffa

nereaHay ruido en el patio de la casa. Son las siete de la mañana. Me levanto, salgo de la habitación. En el patio hay una cabra comiéndose un trozo de papel de la escuela con borrones colorados. Estamos en África.

Ulises está atado a una Haima y me saluda con ganas de ser liberado. Primero voy yo al baño y luego acompaño a Ulises a hacer sus necesidades fuera de la casa y del patio. Volvemos a la casa, despertamos al resto de la tropa y pronto llega Mohamed y nos sirven un té acompañado de unos trozos de pan recién horneado y una especie de papilla de buen sabor pero con una textura un tanto desagradable. Dice Mohamed que no es bueno tomar el té por la mañana sin haber comido nada antes.

kiffaDespués del desayuno vamos con Mohamed a ver el lugar donde trabaja. Se trata del “petit marché” donde las mujeres tienen pequeños puestos en los que venden aquellas cosas que pueden producir en sus casas. Mohamed es el pescadero de Kiffa. El pescado llega a Kiffa desde Nouadhibou, a unos mil kilómetros y a más de catorce horas en camión. Lo transportan congelado, envían el pescado que no quieren ni los europeos ni los mauritanos de la zona de costa. El camión viene una o dos veces al mes y trae unas catorce o quince toneladas de pescado congelado. El pescado se conserva en una cámara frigorífica y se reparten pescadocada día mil kilos. Mohamed es el encargado de supervisar todo el proceso en Kiffa. Es, en definitiva, el que parte o reparte el pescado en Kiffa.

Tanto el pescado como el transporte y la cámara frigorífica están subvencionados por la cooperación Española. Para evitar que se recoja pescado que no se va a consumir, cobran el kilo de pescado a cincuenta Ouguiyas (0,20 euros aproximadamente) y sólo se entrega un kilo de pescado por persona. El dinero que sale de esta venta se dedica kiffaa pagar los salarios de los trabajadores, la electricidad y otros consumos. Aunque el precio del pescado es simbólico, la recaudación da de sobra para cubrir los gastos corrientes.

Al ser la cantidad de pescado a entregar limitada, se forman dos colas de candidatos a recibir su parte, una de hombres y otra de mujeres. En realidad las mujeres forman la cola y se sientan en un gran círculo en el patio del mercado. Cuando el pescado está en el puesto de Mohamed separado en bolsas de plástico de un kilo, Mohamed reparte por las colas unas tarjetas que serán el ticket para recibir la ración de pescado. Un poco más tarde se abre el puesto y se comienza a entregar el pescado a todas las mujeres que vienen con su ticket y cincuenta Ouguiyas; después se hará lo mismo con la cola de los hombres.

kiffaCuando se planteo este proyecto de cooperación había dudas de si la población del interior se habituaría a comer pescado. Parece que eso se ha conseguido. Además es pescado azul, una especie de jureles de baja calidad, con lo que se consigue que mejoren sensiblemente su dieta. En todo caso no pasa inadvertido que lo que se reparte como un regalo no deja de ser parte de los propios recursos del país y no precisamente los de mejor calidad ya que el producto de primera viajará a Europa donde la gente paga precios mucho más elevados. Me resisto a kiffadefinirme positiva o negativamente ante este hecho, sólo lo comento tal y como lo veo. Las opiniones en un sentido u otro son muy bien venidas.

De Nuakchot a Kiffa

carreteraDespués de una semana de  visitas y despedidas en Nuakchot, salimos ayer con destino Bamako en Mali. Han sido unos días de preparativos y reuniones con amigos, para ultimar los detalles del viaje y decir hasta luego a los buenos amigos que dejamos en Mauritania. Nos veremos en unos meses, a la vuelta del viaje por África, inshalá.

ganadoEl primer día de ruta habíamos planeado llegar a Nkeiba, una especie de oasis en el desierto, desviándonos unos cincuenta kilómetros de la ruta entre las poblaciones de Aleg y Kiffa. El caso es que nos pasamos el cruce y por no volver atrás, optamos por seguir la ruta hacia Kiffa sin desviarnos. Como se nos hizo de noche en la ruta decidimos poner la tienda en algún lugar tranquilo cerca de un pueblo y dormir allí mismo. El destino quiso que el pueblo elegido fuera El Ghaira (no os molestéis en buscarlo en el mapa) y el lugar, una especie de patio que limita una central de producción eléctrica.

tiendaLlegamos a la central y preguntamos al guardián si podíamos poner la tienda allí. Ocurrió justo lo que suele suceder en estos casos en cualquier país occidental. Hamed, el guardián, nos indicó un sitió con arena para poner la tienda y dormir en lugar lo más blando posible, nos invitó a un té, los compañeros quitaron la luz de su casa para intentar alumbrar la zona donde tomamos el té y una cena de emergencia, y nos acogieron de la mejor manera para hacernos sentir en lugar seguro y casi como en familia. Supongo que a cualquiera le ha pasado esto alguna vez en España, ¿no?

central electricaLa velada fue tranquila, tomando té, contemplando las estrellas y contando algunas historias. Ana Berta se encargó de tirar de la lengua a Hamed para que nos contara cosas de su vida y del lugar. Nos contó la historia de una novia que había tenido en Nuakchot y que había dejado por encontrarla en el mercado con un amigo suyo. Hamed había querido mucho a aquella chica pero la estaba olvidando y ahora se dedica a trabajar en varias cosas para poder juntar el dinero necesario para poder casarse. Ya sabemos todos que las mujeres quieren cosas y para poder casarse hay que tener cierta solvencia económica. Como se dice en Castilla: “el casado, casa quiere”. Esto se lleva a rajatabla por aquí y aunque culturalmente nos choque un poco, no está tan lejos de lo que pasa en nuestro país y lo que se ha vivido hace no muchos años.

cocodriloPor la mañana Hamed nos ha llevado a un lugar cerca de las montañas dónde mana agua todo el año. Es el lugar en el que lava la ropa la gente del pueblo; el agua estaba llena de jabón hasta casi el mismo manantial. Según Hamed, hay un cocodrilo que vive en esa especie de charco de agua embalsada. El cocodrilo se esconde, según Hamed, debajo de una roca enorme y sólo sale en contadas ocasiones aunque puede comerse a una cabra o una persona con facilidad ya que es un cocodrilo realmente grande. Obviamente, allí no hay cocodrilo, no es posible que lo haya, pero Hamed afirma haberlo visto varias veces. Lo único que vimos nosotros fueron varias cabras y un par de lagartos no demasiado grandes; imposible que fueran las crías del cocodrilo.

Por la pared de la roca de la que mana el agua hay una especie de sendero que los escaladores llamarían vía hacia la cima. Hay gente que vive en un pueblo cercano al que sólo se puede acceder por esa senda. Según Hamed las gentes de ese poblado pasan por esta vía cada día y además lo hacen cargados con sacos y material para abastecer al poblado. Doy más crédito a esta narración de Hamed que a la del cocodrilo y sin embargo me parece igualmente increíble. Tuvimos la fortuna de ver a dos hombres del pueblo lavar los “bubus”  en el río. Primero los remojan en jabón y luego los golpean contra una roca. Cuando oímos los primeros golpes nos parecieron disparos. Golpean la ropa contra la roca con gran violencia y la acústica del lugar, rodeado de paredes cortadas de piedra, hace el resto.

todoterrenoDespués de esta visita al “lago del cocodrilo”, nos despedimos de Hamed que insistió en que pasáramos por allí si alguna vez volvíamos a estar por la zona, y seguimos camino hacia Kiffa. En Kiffa nos quedamos en casa de un amigo de la infancia de un compañero de Ana Berta de la oficina de Nuakchot; Mohamed Vall. Lo primero que nos ha dicho Mohamed al llegar es que estamos en nuestra casa. Nos hemos dado una ducha reparadora y nos han invitado al “meshui” de rigor antes de acompañarnos a visitar el pueblo. En esas estamos en estos momentos y mientras Mohamed va al mercado, Ana Berta se echa una siesta mauritana y Nerea intenta digerir el festín de cordero que la han obligado a comerse, yo escribo estás líneas que colgaré en el blog en cuanto encuentre conexión a Internet.

mauritanosHoy es el día de colgarlo aunque se escribió hace ya varios días. No ha sido posible subir contenido antes y estamos ya en Bamako con lo que hay un par de historias más para subir entre hoy y mañana. Permanezcan atentos a sus pantallas…

Por petición popular os dejo el enlace al picasa de Pablo para que podáis ver las fotos del puerto de Nuakchot al detalle: https://picasaweb.google.com/118054022848204819587/MarchePoissonNKT?authkey=Gv1sRgCIy2oobXo5vPlQE#