Babieca vuelve a campear

casamanceHemos pasado unos días por Casamance en el sur de Senegal. Como no podemos entrar en Senegal con Harmatán lo dejamos en la frontera, en casa de una amiga de Elena, y desde allí hemos hecho una ruta en bicicleta por el sur del río Casamance.

El primer día cruzamos la frontera y nos alojamos en un albergue en playaZinguinchor para desde allí dirigirnos hacia las zonas más turísticas de la región. Babieca va como siempre, con su carga y sin dar ni un problema ni detenerse ante nada. La sorpresa la ha dado Colada que avanza a un ritmo muy respetable y tampoco da señales de desfallecimiento de ningún tipo.

barcaDesde Zinguinchor fuimos por carretera hasta Elinkin que está a orillas del río y desde allí con una lancha a Carabane. Por el camino nos encontramos con un grupo de ocho o diez turistas vascos que estaban haciendo una ruta similar a la nuestra con sus bicicletas. Como digo esta zona es bastante turística.

ana bertaCarabane es una isla en medio del río que era un centro de comercio muy importante para los franceses en tiempos de la colonización. Ahora es un isla muy visitada por los turistas, con hoteles y alojamientos en primerísima línea de playa. Algunos establecimientos tratan de ganar terreno al mar de tal forma que la playa desaparece cuando la marea está alta y se desplaza a unos cientos de metros cuando está baja. No es una buena política aunque supongo que sus razones tendrán para hacer este tipo de construcción sobre el mismo estuario del río.

cap skirringDesde Carabane fuimos a Nikin que está al otro lado del estuario con la lancha de un pescador local. Nos dejó en una playa desierta sin signos de vida humana por ningún lado. Para llegar al pueblo tuvimos que empujar las bicis sobre la arena durante un par de kilómetros para descubrir que la pista que lleva a Cap Skirring, al sur, está llena de arena y no es practicable en bicicleta. La alternativa es esperar a que baje algo la marea y avanzar por la playa. Así lo hicimos.

El paseo desde Nikin a Cap Skirring por la playa y en bicicleta es de lo más recomendable. El viento es favorable y da gusto ir sorteando ramas de grandes árboles caídos y pasar entre las rocas disfrutando de la playa y de las vistas. Un paseo maravilloso que nos llevó a Cap Skirring al final de la tarde.

playaEncontramos un hotel no muy caro gracias a Mariama, que es la propietaria de un restaurante cerca del puerto, y como no habíamos comido más que unas galletas durante todo el día nos dimos una cena de homenaje en el restaurante de Mariama.Pasamos un par de días en Cap Skirring y nos dio para pasar buenos ratos con los locales y descansar en una playa fantástica y en un hotel acogedor, muy limpio y bien acondicionado.

cap skirringDesde Cap Skirring volvimos hacia Zinguinchor por la carretera principal. Ya conocíamos las noticias de golpe de estado en Bissau y aparentemente las fronteras estaban cerradas. El camino en esta ocasión fue duro por las altas temperaturas pero llegamos casi hasta el mismo Zinguinchor. El alojamiento esta vez fue un infierno. Un campamento de pequeñas cabañas, muy barato pero sin electricidad y sin aire para respirar. El ambiente era muy caluroso y nos costó un triunfo recuperarnos del esfuerzo del día. Por suerte había una ducha común en la que nos remojamos un par de veces.

playaCon todo esto, decidimos seguir hasta Guinea Bissau al día siguiente en espera de encontrar la frontera abierta y dispuestos a solucionar el problema de tener el equipaje y a Ulises en la capital dónde los incidentes parecían ser más importantes después del golpe militar.

Ahora estamos ya en Guinea Bissau, en Sao Domingos, cerca de la frontera de Senegal y estamos en contacto con Kiko y Elena para evaluar las posibilidades de entrar en Bissau a recoger lo que nos falta. Si todo se da bien saldremos del país lo antes posible. Si leéis esto es que ya estamos en Bissau ya que es el único sitio que nos permite colgar entradas y fotos en el blog. Pronto tendremos la respuesta a estas y otras dudas.

Primera semana en Guinea Bissau

bissauLos primeros días en Guinea Bissau los dedicamos a comer ostras. No es broma. Después de llegar a Bissau y manifestarnos frente a la embajada española en contra de la reforma de la ley laboral en España, y alojarnos una noche reparadora en case de Kiko y Elena nos fuimos a buscar a Eloisa a la frontera y desde allí directamente a Quiñamel a comer ostras. El primer día las comimos en un restaurante y el segundo fuimos a ver a la familia Santos y allí comimos otras hasta hartarnos. Después de comernos tantas ostras que no había cubos para echar las cáscaras nos dijeron que ya era hora de comer. Pensábamos que era una broma pero no lo era y tuvimos que comer algo de paloma salvaje con arroz y ensalada para no quedar mal.

La familia Santos es la más rica de Quiñamel. Les conocíamos por la referencia que nos habían dado Pablo y Ana (Nuackchot). Nos contaron que se habían portado de maravilla con ellos cuando estuvieron por estas tierras y que habían alojado a Pablo durante una semana mientras esperaba la llegada de una pieza para reparar la furgoneta y regresar a Mauritania. En prueba de amistad y cariño, Ana y Pablo, nos encargaron traer un collar, una botella de vino y una alfombra para regalárselas a los Santos. santosHay que reconocer que viajar con los regalos de los Santos durante dos meses y no poder hacer uso de ellos (el collar no tiene importancia pero el vino y la alfombra…) ha sido una prueba de fe.

santosEl patriarca de la familia es el señor Manuel Santos que vino a Guinea Bissau allá por los años sesenta a hacer la guerra con su país (Portugal) par tratar de evitar la independencia de Guinea Bissau. El señor Santos decidió quedarse y se caso con Romana que es una mujer hermosa en todos los sentidos que se le pueden atribuir a esta palabra. Los santos tienen cuatro hijos aunque sólo conocimos a dos de ellos, Mario y Salomé. En conjunto son una familia encantadora y sencilla teniendo en cuenta el nivel al que se mueven. El señor santos tiene un negocio de aguardiente que elaboran a partir del fruto del cayú (anacardo) y que les deja unas rentas más que suficientes para la vida en Guinea Bissau. Tienen siempre a un montón de gente en la casa entre familiares, empleados del hogar y otros a los que acogen de vez en cuando y te hacen sentir como si estuvieras realmente en tu casa. No se trata de la típica familia de Guinea Bissau pero si que representa a las familias de europeos que se quedaron por aquí para crearse un hogar y una forma de vida.

atardecerDesde Quiñamel viajamos al sur hacía la isla de Bolama. De camino paramos en Saltiño que es un hotel fantástico al lado de un rio que forma una especie de rápidos allí mismo y que es un lugar maravilloso para pasar el día entre baños en el rio, ratos con las mujeres que lavan ropa, jugando con los niños o tumbados en una hamaca a leer o descansar. Nos gustó tanto este sitio que repetimos parada al regresar de Bolama.

barcaBolama era la capital de Guinea Bissau hasta el año 1944. Se trata de una isla de unos diez kilómetros cuadrados a la que se puede llegar desde tierra con un barco que cruza varias veces al día un estrecho de menos de tres kilómetros desde la vecina Sao Joao. Bolama era una gran ciudad en su tiempo con sus calles anchas, grandes plazas y edificios coloniales. Desde que dejó de ser capital, se fue abandonando poco a poco la ciudad y hoy las plantas han ido ganando terreno al asfalto y ahora parece una ciudad fantasma en la que sólo encontramos un par de mercados de los pequeños para el estándar africano, una tiendecita o dos y un solo restaurante. Parece la ciudad abandonada del libro de la selva. Es realmente un espectáculo llamativo ver en lo que se ha convertido la antigua capital de Guinea Bissau.

rioPara dormir nos quedamos en la playa que hay al otro lado de la isla y que en tiempos debió ser un balneario para los poderosos con su hotel y sus escalinatas que bajan a la playa. Sólo quedan las ruinas y en la playa no hay nadie. Hicimos un gran fuego y pasamos la noche en la playa para hacer el regreso a Bissau con la indicada parada en Saltiño. En Bissau nos esperaba el barco que va a las islas Bijogos pero esa historia la contaré en otra entrada.

De Kiffa a Bamako

niñoSalimos de Kiffa después de visitar el lugar de trabajo de Mohamed (el pescadero de Kiffa), sobre las nueve y media de la mañana. De Kiffa a Aioun hay unos doscientos kilómetros y tardamos unas cinco horas y media en recorrerlos. Es una carretera demencial. Al principio vas por una pista de tierra con tramos de arena y muchos baches que circula paralela a la carretera en construcción. Después de unos setenta kilómetros seguimos por la carretera asfaltada que tiene baches del tamaño del coche y es casi imposible evitarlos. Si esquivas uno te encuentras con otros dos o tres. Hay que ir haciendo zigzag y a una velocidad realmente lenta y desesperante.

carreteraHicimos un par de paradas en este tramo en pueblos muy pequeños donde los tres “tubabus”, que viajan con un perro, fueron la atracción del día. La gente es muy amable aunque hay un punto en el que se puede hacer un poco agobiante. En todo caso, es un punto divertido ver las caras de los niños al acercarse Ulises a ellos. La mayoría salen corriendo como si se tratara del mismo diablo.

Llegamos a la frontera con Mali con tiempo más que suficiente para hacer los trámites que realizamos de forma rápida y sencilla sin dramas ana bertani mayores problemas. Conseguimos el seguro para Harmatán para los próximos seis meses y sellamos los pasaportes convenientemente. Nos quedó pendiente hacer el “”lessé passé” o lo que viene siendo el documento de aduanas para poder circular con el coche por Malí durante un mes. Este papel se saca en Nioro que está a unos setenta kilómetros de la frontera y lo hicimos al día siguiente. Al acabar los trámites de la frontera eran las seis de la tarde más o menos y los gendarmes no querían dejarnos marchar porqué pensaban que no llegábamos de día a Nioro. Les convencimos de que íbamos a llegar y seguimos ruta.

africaAl llegar la caída del sol nos paramos en un pueblecito de la carretera y preguntamos por un lugar para dormir al único habitante que encontramos que hablara francés. El hombre nos llevó a casa de su tío donde nos recibieron un montón de niños y varios mayores y pronto nos hicieron sentir como en casa. Nos sacaron unas esterillas y una colchoneta para dormir y nos sirvieron una cena a base de una ensalada de lechuga, tomate y cebolla que estaba riquísima y unos trozos de carne con patatas. Cenamos de maravilla y les dimos en contraprestación las latas de sardinas, bonito y mejillones que iban a conformar nuestra dieta de esa noche. Al día siguiente por la mañana algunos niños salían hacia el colegio con un bocadillo de mejillón y otros llevaban la lata vacía y limpia de bonito para jugar con ella. Nos hizo sentir como si realmente hubiéramos pagado el alojamiento y la cena. Curiosa sensación la de ver que lo que para nosotros era una cena de batalla, fue toda una novedad para los niños.

niñosPor la noche jugamos y cantamos con los niños. Hablamos con el padre de la familia de forma amigable y nos reímos con las mujeres. Fue muy agradable. Por la mañana pensábamos dar una vuelta por el poblado pero, como el hermano del padre de la familia que nos acogió tenía que ir a Nioro al hospital a ver a su madre, nos fuimos antes de lo planeado y llevamos al hombre hasta el hospital de Nioro. Visitamos la ciudad brevemente e hicimos las gestiones pendientes y con eso seguimos la ruta hacia Bamako.

maliEn Mali se pagan peajes en las carreteras, quinientos francos CFA para los coches en cada peaje. La carretera de Nioro a Bamako es buena y avanzamos a buen ritmo. Paramos un par de veces y comimos en un pueblo de cuyo nombre no me acuerdo en un restaurante local. La comida estaba muy rica y pagamos poco más de un euro por los tres. El calor en el restaurante era agobiante y nos refrescamos como pudimos con agua y unas bolsas de hielo que, por suerte, se podían conseguir en el propio restaurante. Ulises no comió nada.

mujeres trabajando y hombres mirandoComo llegar a Bamako en una jornada era imposible, paramos a dormir en otro poblado donde nos llevaron hasta una finca de sorgo cosechada y dormimos debajo de un gran árbol. Pasamos una bonita velada con los niños y gentes del pueblo y dormimos plácidamente bajo las estrellas.

africaPor la mañana nos despedimos de nuestros nuevos amigos y llegamos a Bamako sobre las once y media de la mañana. Tardamos un par de horas en llegar a casa de Joaquín, primero por problemas de comunicación telefónica y después por diversas paradas en cada puesto de policía local donde nos querían multar a toda costa. Tuvimos que parlamentar con los agentes de la ley largo y tendido en dos ocasiones y al final nos dejaron marchar sin multa ni soborno ante nuestra negativa a soltar ni una cefa.  Es alucinante ver como saltan los agentes como resortes en cuento ven una matrícula europea y un coche cargado de “tubabus”.

tres cucharasLa casa de Joaquín es el paraíso en Bamako. Es una casa espectacular con grandes habitaciones, un salón fantástico, terraza, un precioso jardín y una piscina. Después de las penurias del viaje llegar a este remanso de paz y de bienestar fue como ver el cielo. No podremos pagar nunca la acogida que nos hizo Joaquín; quizás en alguna ocasión podamos ir compensando tanta hospitalidad. De momento sólo podemos decir gracias de todo corazón.

El viernes llegó Ismael por la mañana y por la noche llegó Vanessa y ahora ya somos cinco y un perro para viajar al País Dogón pero esa es otra historia que os contaremos más adelante. Escribo esto de Bandiagara, cerca del País Dogón y lo publicaremos en cuanto lleguemos de nuevo a Bamako ya que las conexiones por la zona brillan por su ausencia.

De Nuakchot a Kiffa

carreteraDespués de una semana de  visitas y despedidas en Nuakchot, salimos ayer con destino Bamako en Mali. Han sido unos días de preparativos y reuniones con amigos, para ultimar los detalles del viaje y decir hasta luego a los buenos amigos que dejamos en Mauritania. Nos veremos en unos meses, a la vuelta del viaje por África, inshalá.

ganadoEl primer día de ruta habíamos planeado llegar a Nkeiba, una especie de oasis en el desierto, desviándonos unos cincuenta kilómetros de la ruta entre las poblaciones de Aleg y Kiffa. El caso es que nos pasamos el cruce y por no volver atrás, optamos por seguir la ruta hacia Kiffa sin desviarnos. Como se nos hizo de noche en la ruta decidimos poner la tienda en algún lugar tranquilo cerca de un pueblo y dormir allí mismo. El destino quiso que el pueblo elegido fuera El Ghaira (no os molestéis en buscarlo en el mapa) y el lugar, una especie de patio que limita una central de producción eléctrica.

tiendaLlegamos a la central y preguntamos al guardián si podíamos poner la tienda allí. Ocurrió justo lo que suele suceder en estos casos en cualquier país occidental. Hamed, el guardián, nos indicó un sitió con arena para poner la tienda y dormir en lugar lo más blando posible, nos invitó a un té, los compañeros quitaron la luz de su casa para intentar alumbrar la zona donde tomamos el té y una cena de emergencia, y nos acogieron de la mejor manera para hacernos sentir en lugar seguro y casi como en familia. Supongo que a cualquiera le ha pasado esto alguna vez en España, ¿no?

central electricaLa velada fue tranquila, tomando té, contemplando las estrellas y contando algunas historias. Ana Berta se encargó de tirar de la lengua a Hamed para que nos contara cosas de su vida y del lugar. Nos contó la historia de una novia que había tenido en Nuakchot y que había dejado por encontrarla en el mercado con un amigo suyo. Hamed había querido mucho a aquella chica pero la estaba olvidando y ahora se dedica a trabajar en varias cosas para poder juntar el dinero necesario para poder casarse. Ya sabemos todos que las mujeres quieren cosas y para poder casarse hay que tener cierta solvencia económica. Como se dice en Castilla: “el casado, casa quiere”. Esto se lleva a rajatabla por aquí y aunque culturalmente nos choque un poco, no está tan lejos de lo que pasa en nuestro país y lo que se ha vivido hace no muchos años.

cocodriloPor la mañana Hamed nos ha llevado a un lugar cerca de las montañas dónde mana agua todo el año. Es el lugar en el que lava la ropa la gente del pueblo; el agua estaba llena de jabón hasta casi el mismo manantial. Según Hamed, hay un cocodrilo que vive en esa especie de charco de agua embalsada. El cocodrilo se esconde, según Hamed, debajo de una roca enorme y sólo sale en contadas ocasiones aunque puede comerse a una cabra o una persona con facilidad ya que es un cocodrilo realmente grande. Obviamente, allí no hay cocodrilo, no es posible que lo haya, pero Hamed afirma haberlo visto varias veces. Lo único que vimos nosotros fueron varias cabras y un par de lagartos no demasiado grandes; imposible que fueran las crías del cocodrilo.

Por la pared de la roca de la que mana el agua hay una especie de sendero que los escaladores llamarían vía hacia la cima. Hay gente que vive en un pueblo cercano al que sólo se puede acceder por esa senda. Según Hamed las gentes de ese poblado pasan por esta vía cada día y además lo hacen cargados con sacos y material para abastecer al poblado. Doy más crédito a esta narración de Hamed que a la del cocodrilo y sin embargo me parece igualmente increíble. Tuvimos la fortuna de ver a dos hombres del pueblo lavar los “bubus”  en el río. Primero los remojan en jabón y luego los golpean contra una roca. Cuando oímos los primeros golpes nos parecieron disparos. Golpean la ropa contra la roca con gran violencia y la acústica del lugar, rodeado de paredes cortadas de piedra, hace el resto.

todoterrenoDespués de esta visita al “lago del cocodrilo”, nos despedimos de Hamed que insistió en que pasáramos por allí si alguna vez volvíamos a estar por la zona, y seguimos camino hacia Kiffa. En Kiffa nos quedamos en casa de un amigo de la infancia de un compañero de Ana Berta de la oficina de Nuakchot; Mohamed Vall. Lo primero que nos ha dicho Mohamed al llegar es que estamos en nuestra casa. Nos hemos dado una ducha reparadora y nos han invitado al “meshui” de rigor antes de acompañarnos a visitar el pueblo. En esas estamos en estos momentos y mientras Mohamed va al mercado, Ana Berta se echa una siesta mauritana y Nerea intenta digerir el festín de cordero que la han obligado a comerse, yo escribo estás líneas que colgaré en el blog en cuanto encuentre conexión a Internet.

mauritanosHoy es el día de colgarlo aunque se escribió hace ya varios días. No ha sido posible subir contenido antes y estamos ya en Bamako con lo que hay un par de historias más para subir entre hoy y mañana. Permanezcan atentos a sus pantallas…

Por petición popular os dejo el enlace al picasa de Pablo para que podáis ver las fotos del puerto de Nuakchot al detalle: https://picasaweb.google.com/118054022848204819587/MarchePoissonNKT?authkey=Gv1sRgCIy2oobXo5vPlQE#

Hola a todos

Hemos pasado un mes y medio en España y ya estamos de nuevo en ruta hacia el sur. Esta vez nos vamos a viajar con un todoterreno por África y el plan de ruta no está demasiado claro todavía. Lo único que sabemos es que lo vamos a retomar desde donde lo dejamos, es decir, desde Nouakchot y hacía allí es a donde nos dirigimos en estos momentos. Estamos en Rabat en casa de Elmar, que no ha tenido más opción que alojarnos por una noche. Ayer utilizamos de nuevo la casa de mi prima en Jerez como punto de parada en la ruta como viene siendo ya habitual en estos viajes hacia el Sur.

Vamos en el coche Ana Berta, Nerea (que, en principio, viene sólo hasta Mauritania), Babieca, otra bicicleta llamada Tizona  y yo mismo. Tenemos que poner nombre al coche para demostrar el aprecio que le tenemos y lo importante que va a ser para nosotros en este viaje aunque aún no hemos encontrado el nombre adecuado. Si queréis ayudar en la toma de decisión, se trata de un Toyota Land Cruiser azul oscuro  muy grande que no se detiene ante nada o al menos eso es lo que le presuponemos. Como no estamos seguros de esto, viene Babieca que ya ha demostrado que ella sí que puede con todo y que pasará a ser un medio de transporte protagonista en caso de necesidad.

Durante este tiempo en España nos han convencido en los medios de comunicación y en las conversaciones de tabernas y fraguas de que lo mejor que se puede hacer en estos momentos es estar lejos de este país por una temporada más o menos larga ya que las cosas siguen empeorando sin que se vea hasta dónde podemos llegar. Ya dice Murphy que no importa lo mal que estén las cosas, siempre pueden estar peor y parece que seguiremos demostrando la validez de este principio durante unos meses más.

El viaje que vamos a hacer puede durar varios meses aunque no sabemos exactamente cuántos. Si alguno de los lectores de este blog se quiere animar a viajar con nosotros en algún momento de nuestro periplo es muy bien venido a ponerse en contacto y acordar un punto de encuentro y unirse en algún tramo o para la visita de algún país. También nos vendrá bien que nos paséis contactos que podáis tener en países africanos para ir organizándonos y poder contar con apoyo en terreno en un momento dado. Gracias en cualquiera de los dos casos a todos.

La ruta que hemos hecho hasta Rabat es la más directa y seguiremos así hasta Mauritania. Si todo se da bien estaremos allí en unos días. Hemos llegado a Algeciras desde Burgos acompañados de la, en estos días famosa, ola de frío siberiano que se ha ido convirtiendo poco a poco en tiempo fresco primaveral a medida que llegábamos más al sur. En Marruecos nos hemos movido por autopista desde Ceuta a Kenitra dónde nos hemos metido por la nacional cansados de ir tan cómodos por la autopista. Ana, Babieca y yo ya conocemos la zona pero Nerea, y creo que Tizona también, se han quedado bastante sorprendidas de lo verde y montañoso que es el norte de Marruecos. No es la foto que llega en las postales y tampoco podemos considerar que eso sea el verdadero Marruecos cuando hay tanto desierto por el sur.