Salimos de Bamako el día 30 de mayo a muy buena hora. A las seis y media de la mañana ya estábamos en marcha. Para salir de la ciudad nos despistamos un poco, nos perdimos por la carretera que no era y a punto estuvimos de entrar en el palacio presidencial; con la que está cayendo en este país. Nos pararon los militares que vigilan el acceso y nos acompañaron para indicarnos la ruta correcta. La latita había hecho unos cuantos kilómetros no previstos más la subida a la colina del palacio presidencial y hechaba un humo algo sospechoso que luego no hemos vuelto a ver.
Apenas a setenta kilómetros de Bamako reventamos una rueda. La cambiamos con los medios que teníamos y seguimos adelante en busca de un neumático para recambiar. Apenas a cien kilómetros encontramos neumáticos de segunda mano; tuvimos que cambiar la rueda reventada y la de repuesto que en esos pocos kilómetros se había abierto y se veían las lonas. La situación no era precisamente divertida, llevábamos apenas ciento setenta kilómetros, unas cinco o seis horas de viaje, habíamos destrozado dos ruedas y nos quedaban unos seis mil kilómetros de viaje. Las apuestas estaban claramente en nuestra contra en esos momentos.
A partir de ese momento, todo fue mejorando. Ya no volvimos a pinchar y sólo hemos tenido un problemilla eléctrico con un fusible que se funde de vez en cuando. Revisaremos el tema en cuanto podamos encontrar un mecánico electricista de confianza. Hemos llegado a Nuakchot a unos mil quinientos kilómetros de Bamako después de tres días de carretera y de pasar por el mismo infierno. Al sur de Mauritania hay un tramo de carretera con baches terribles, polvo, viento de costado, las temperaturas rozan los 45º, no se encuentra agua fresca ni sombras y apenas hay poblaciones.
Llevamos unos días en Nuakchot, estamos ayudando a Sergio con el montaje de una obra de teatro que van a representar en dos escuelas de un barrio periférico de la ciudad. Nos vamos a quedar hasta que se represente la obra en el primer colegio y luego seguiremos ruta hacia el norte. Hemos revisado un par de cosas de la latita que no estaban funcionando a la perfección y ahora parece estar ya lista para lo que queda. Veremos si es cierto o no en unos cuantos días.
Ulises se ha rencontrado con su padrino Jaime. Fue un momento muy emotivo, Ulises casi se disloca la cola de tanto agitarla al viento y Jaime estuvo a punto de echar una lagrimita. Es curioso como reconoce a toda la gente con la que ha convivido en algún momento aunque sea por poco tiempo. Al llegar a la casa de Ana y Pablo se volvió loco de contento y empezó a ladrar para que se dieran cuenta de su presencia y llamar la atención. No ladra nunca como lo hizo al llegar a Nuakchot. No deja de ser su lugar de origen y dónde se ha formado como perro.
Esta tarde, y durante dos o tres días, es la boda de Samba. Algunos ya sabréis quién es Samba si seguisteis el http://www.andopedaleando.es/, para el resto os diré que se trata del pescador senegalés que ayudo al oso pardo a cruzar la frontera entre Senegal y Mauritania de forma clandestina. De no haber sido por Samba, la historia hubiera sido muy diferente y probablemente con un final menos feliz. Con motivo de la boda, Pablo y Ana le han regalado un par de corderos que compramos en un mercado local de ganado. Todo un mundo el de los corderos en Mauritania. Aparte de esto, hemos decorado un poco la furgoneta de Pablo para ir a recoger a la novia. Esta tarde estaremos de boda. En este caso, sí podemos decir que no tenemos nada que ponernos y que no suene a frase hecha; aun así nos apañaremos con lo que hay.
A partir de Nuakchot tenemos un par de paradas inexcusables en Rabat y en Jerez de la Frontera. El resto del viaje lo intentaremos hacer sin prisas (la latita no avanza a más de 70 kms/hora ni cuesta abajo) pero son pausa. Hemos estimado que nos quedan unas sesenta o setenta horas de carretera a las medias de velocidad que hacemos. Esperamos que al menos las temperaturas sean más aceptables por la parte del Sahara Occidental y que no haya mayores contratiempos.














