Segunda carta de Bertrán desde Etiopía

Por petición popular aquí va la segunda y por el momento íltima carta de Bertrán desde Etiopía. Esperaremos a la próxima con ansiedad.

Noticias frescas a 40 grados.

Sé que dije que no volvería a mandar un mail tan largo pero… me da iguaaaaaaaaaal!

Besos, abrazos y arrumacos desde el cuerno. Cada uno quedaros con lo que creáis que os merecéis.

Twister. El paisaje aquí es sencillamente feo. Solo hay algo que lo hace especial y son los torbellinos de arena que se levantan 30 o 40 metros del suelo y que, enmarcados en el desierto de roca y arbustos espinosos secos, dan una imagen de fin del mundo a lo Mad Max. Cuando uno de estos torbellinos te pasa por encima realmente crees que esto es el fin del mundo tal y como lo conocemos. Consejo: cierra los ojos, aprieta el ojete y reza por haber cerrado tu tienda o te veras corriendo detrás de un montón de planos entre burros revolucionados. Esto no lo explicaron en oficio del arquitecto.

Metáforas. Hace poco vino de visita el director regional de JRS para África del Este, que en una organización jesuita es como si viene dios a verte. Bueno exactamente es como si viene la virgen María ya que dentro de la ONG, dios hace de sí mismo, luego vendría el director internacional de la ONG que está en Roma (en el papel de Jesús) y después el director regional (como la virgen María). Solo por este párrafo podrían echarme de la ONG y con razón, por blasfemo. El caso es que tuve una reunión con el, un bis a bis sobre mi trabajo en Etiopia. Apenas acabamos de empezar, ni corta ni perezosa (expresionaca) cruza por delante de nosotros una serpiente blanca y verde de unos 2 metros de largo. Tampoco era muy gruesa, unos 3 cm de sección, no era para entrar en pánico pero claro se acabo la reunión. Todo el mundo persiguiendo a la serpiente en plan Benny Hill, con palos en las manos para matarla y a cámara rápida. Yo era el último de la cola en la persecución gritando: “Don’t kill it! No need to kill it!”. Media hora después con la serpiente aún viva pero ya lejos de nuestro alcance, reanudamos la reunión y le dije al director que podíamos tomar el caso de la serpiente como una metáfora de lo que es trabajar en Melkadida: cada vez que tienes una reunión o intentas concentrarte en tu trabajo, aparece algo nuevo y sorprendente que te impide acabar lo que estabas haciendo, y lo retrasa para luego, para el día siguiente o en el peor de los casos como dicen aquí, in two weeks time, que es como nuestro vuelva usted mañana.

45, 46, 43, 45 y 42. Son las temperaturas máximas de la última semana. La más caliente en lo que va de año.

En abril en un hospital africano. No queréis estar en abril en un hospital africano. Cuando llevas dos días enfermo, deshidratado por la diarrea y sin fuerzas ni para andar, no quieres estar en abril en un hospital africano. Siete pinchazos le hicieron falta al enfermero para encontrarme la vena y ponerme una vía. Siete. Tengo el brazo lleno de moratones. Y eso que al entrar, enseñé mi carnet de blanco y no tuve que esperar la cola como todo el mundo ni compartir habitación. Pero cuando estas luchando entre la vida y la muerte (dramatización), fuera hace 40 grados y dentro 45, y hay tantas moscas que hasta te da pena por ellas, las pobres, hacinaditas me las tienen, de verdad, no quieres estar en abril en un hospital africano. Ni para contárselo en un mail a tus amigos.

Proyectos. Mi tarea principal aquí es intentar sacar adelante cuatro proyectos. Un colegio de primaria, un centro de formación profesional, una cosa que llamamos centro polivalente (como en los proyectos de fin de carrera de la escuela pero sin rocódromo) y la base de JRS con oficinas y habitaciones para el equipo. El centro polivalente está en marcha, algunas partes en fase de cimentación y otras ya algo más avanzadas. El centro de formación profesional es una estructura semipermanente de bambú que tengo curiosidad por ver como de permanente es cuando le pase por encima uno de los torbellinos típico de la zona. También en obras, aun en excavación. Los otros dos proyectos con el diseño acabado y los constructores contactados y a la espera, están parados por problemas con los que no quiero aburriros pero que se resumen en el siguiente apartado.

Jefes. Hay jefes buenos y jefes malos. Jefes inteligentes, jefes líderes, jefes que saben lo que hacen como mi primer jefe de proyecto aquí en Melkadida, Gonzalo de España. Hay jefes entregados y preocupados por el equipo, jefes que anteponen el bienestar de las personas a cualquier programa o calendario, jefes que hacen crecer el proyecto a través de las personas que lo desarrollan, como mi segundo jefe, Carlos de Colombia. Hay jefes que no llegan a ser jefes porque renuncian al proyecto antes de llegar a pisar el terreno, como mi tercer jefe, David de Australia. Hay jefes y jefes. Y luego está mi jefe de país, el señor director de la Oficina Nacional de Etiopia en Addis Ababa, Seyoum Asfaw de Etiopia. ‘Este simplemente es imbécil. Si os acordáis en “afronews 1, la precuela”, os contaba que mi primer jefe siempre me daba este consejo cuando las cosas no avanzaban: “no desesperes, aramos con los bueyes que tenemos”. Pues eso. Lo malo es que nadie me dijo que nos dirigía un herbívoro rumiante desde Addis.

Una aparición. Los domingos por la tarde, cuando no hay nada que hacer y no sabes si es peor el calor o el aburrimiento, bajamos al río a refrescar cuerpo y mente. Si uno de los conductores me deja conducir, la diversión empieza antes de llegar al agua. Pasamos a recoger a unos colegas alemanes y nos vamos de picnic. Los alemanes, que además de alemanes son médicos, no se bañan por miedo a infecciones, bichos… Pero yo soy de los que piensa que estas cosas les pasan a los demás. Y además hace tanto calor que prefiero la muerte. Hace 4 meses que no llueve así que el río cada vez está más bajo y en el medio se forman islas de arena en las que apenas cubre por los tobillos. A parte de los alemanes, que no ejercen, creo que soy el único que sabe nadar y que puede llegar a los islotes en el medio del río.

Esta última semana se han escuchado rumores en el pueblo. El domingo, al atardecer, unos niños que llevaban a sus cabras a beber agua al río, vieron a Jesús andando sobre las aguas del río Genale. Creo que ha llegado la hora de afeitarme.

El hobbit. Tampoco es que antes fuera la cenicienta, pero como voy todo el día en sandalias, con el viento, el sol, el polvo, las piedras, las espinas de los arbustos… se me están poniendo unos pies de hobbit que dan miedo.

Messi en apuros. Messi es la mejor del mundo. No tiene competencia y quien intenta ponerse a su nivel queda retratado. Siempre elige lo mejor para el equipo y nos sorprende con algo nuevo todos los días.

Messi es nuestra cocinera. Es muy joven y la verdad es que cuando llegó no sé ni cómo nos atrevíamos a llamarla cocinera. Solo sabía cocinar pasta con salsa de tomate. Poco a poco le estamos enseñando otros platos. Aprende rápido. Aun no tiene cogido el punto a la tortilla de patata pero nos partimos de risa cada vez que intenta darle la vuelta a una y acabamos comiendo huevos rotos con patatas. No habla ni una palabra de inglés y nos costó un mes aprendernos nuestros respectivos nombres, pero es increíble como con los gestos y las miradas nos entendemos perfectamente. Cuando le suelto alguna palabra en amhárico se troncha de risa y con eso y unas cuantas tortillas de patata rotas nos hemos hecho amigos.

Hoy me he levantado con una muy mala noticia. Ayer por la noche la casa de Messi ardió entera. No queda nada. Messi pudo salir y consiguió salvar lo que en ese momento tenía en la mano: una tetera y una taza. La casa, apenas dos habitaciones de estructura de madera y cerrada con brezo, ardió en unos minutos. Esta mañana Messi ha venido con la ropa de ayer y se ha puesto a trabajar como cada día. Ni una lágrima ni una mala cara. Lo que más le preocupa a Messi es cómo le va a contar a su marido lo ocurrido, cuando ‘este vuelva de la cárcel, claro.

Tecnología alemana. Se puede decir que hace calor. Y aunque hay quien dice que lo mejor para combatir el calor es un té bien calentito, a ese alguien yo le diría: Listo! Que eres un listo! Así que hemos copiado la tecnología de nuestros colegas alemanes para enfriar algo el agua que bebemos hasta que nos llegue la nevera de Addis. Metes una botella de agua en un calcetín, y este lo sumerges en agua y lo cuelgas en un lugar a la sombra donde corra el aire. Aquí lo difícil es encontrar la sombra porque el aire corre por todos lados. En una hora, si logras mantener el calcetín húmedo, tendrás un agua razonablemente fresca.

Corrupción en Mai Aini. El kebele es el ayuntamiento. Una caseta de palos de madera, brezo y barro con cubierta de chapa que solo se distingue del resto porque le han pintado la puerta de verde. Tendrá unos 20 m2, una mesa coja, dos o tres bancos corridos, una estantería con archivadores llenos de papeles arrugados y una cartulina en la que hay dibujado a mano un gráfico de quesitos que expone los porcentajes de ganado que hay en el pueblo: 32% cabras, 28% camellos, 24% ovejas, 13% vacas, 2% burros. Creo que no han acertado ni uno.

Son las 8 de la mañana. Estoy sentado en una silla de plástico azul con una pegatina a medio arrancar que se me está pegando en el brazo. A mi izquierda me acompaña Idris. Es el director del programa de educación del JRS en Melkadida y hará las veces de traductor. Enfrente cinco hombres me escrutan con cara de malas pulgas.

No están contentos con el proceso de selección del constructor que se encargará de las obras de la base y oficinas del JRS en Melkadida. Dicen que hay un defecto de forma en el proceso y que por tanto el constructor elegido no vale. Les explico que hemos seguido estrictamente las normas del gobierno etíope y que el proceso esta supervisado y aprobado por el gobierno y por la ONU. La respuesta es que en realidad el proceso les da igual. Que ellos ya han elegido un constructor y que es a ‘ese y no a otro a quien tenemos que contratar. No hay ninguna explicación más. O contratamos a su elegido o tendremos problemas…

Problemas significa que apedreen a tus trabajadores en la obra, que se cuelen en la parcela y que te impidan el paso bajo amenazas cada vez más serias.

En un ataque de dignidad respondo: “JRS no acepta este tipo de presiones. Seguiremos las reglas, informaremos del proceso al gobierno y si hay algún problema, paramos la construcción y nos retiramos de la zona.”

Órdago.

Nos levantamos de la mesa y salgo del kebele tarareando la melodía de Los Soprano: “woke up this morning / you got yourself a gun / woke up this morning / you got a blue moon in your eyes”

Pa chulo, yo.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *