Como ya muchos sabéis, en Benín estuvimos ofreciendo a Harmatán para la venta con el fin de evitarnos un viaje de vuelta largo por carretera y el problema de tener que vender el coche al regreso en España. No tuvimos éxito. No se presentó nadie realmente interesado en el coche y lo único que recibimos fueron ofertas bajas con un montón de explicaciones de porqué teníamos que medio regalar el coche.
Con estas nos decidimos por regresar con Harmatán a España y luego ya veríamos. En tres días nos plantamos en la frontera de Mali y allí todo dio un vuelco. Resulta que en la misma frontera, los policías de aduanas, nos preguntaban si vendíamos el coche y cuánto pedíamos por él. El panorama había cambiado y ahora podíamos realmente intentar hacer la venta.
En Sicasso tuvimos varias ofertas aunque nada se llegó a concretar y tampoco teníamos ganas de perder el tiempo con lo que pedimos directamente el precio mínimo al que estábamos dispuestos a vender. No se cerró nada en Sicasso y nos fuimos para Bamako. Apenas entrados en Bamako nos preguntó un tipo si vendíamos el coche, le dimos precio y quedó en llamarnos en menos de dos días. Poco después de este encuentro, otro tipo se nos acercó con su moto y nos preguntó si vendíamos el coche. Le dimos precio y en menos de diez minutos nos estaba ofreciendo su mano para cerrar el trato.
Como quiera que las cosas nos parecía que iban demasiado deprisa para la zona y para ser real, no cerramos nada en ese momento y nos dedicamos a informarnos del proceso y tratar de investigar sobre Yusuf que así se llama el comprador de coches que nos ocupa. No encontramos nada que nos pudiera echar atrás y al día siguiente teníamos cerrado el trato con todas las condiciones y dos días después habíamos convertido a Harmatán en un montón de billetes.
A la par que todo esto ocurría, quedamos con Joaquín para cenar un día y otro para tomar algo. Hablando con Joaquín retomamos la idea peregrina que él tenía de llevar su coche a España en lugar de deshacerse de el en Mali. La conversación se puso seria y las entelequias se fueron confirmando y llegamos a la conclusión de que nosotros viajaríamos con su coche y él se encargaría de llevar a Babieca a España a final de este año que es cuando termina su estancia en Mali. A Colada la hemos vendido también en el pack de Harmatán a un precio muy razonable y para evitarnos mayores trastornos.
Con todo esto, regresamos en el coche de Joaquín. El coche de Joaquín
(La Latita se llama) es un Dos Caballos azul, muy antiguo, muy bonito, en buen estado general y con las limitaciones de este tipo de vehículo a su edad. No tiene quinta velocidad, no tiene aire acondicionado, no es todoterreno y no tiene un gran maletero. Es un coche muy recogido, muy apañado, con techo descapotable, espejos de juguete y mantendrá la emoción de si llegamos o no a destino hasta prácticamente el final del viaje. Muchos dirán que estamos locos, otros se morirán de envidia, el tiempo dirá quién tenía más razón.